Se prefiere, quizás
el asco y el odio
al amor y las añoralgias.
Sirven, muchas veces, de abrigo,
de escudo, ante la escamada verdad.
Contenta mucho más resguardarse en las sensaciones negativas
y seguir como si nada importara
que extrañar
dormir
con un pañuelo concreto
en la cara
respirándolo y bebiéndolo
mientras el exceso de almohadones cuida mi sueño.
Es mucho más superador el enojo y la rabia,
que el recuerdo de los primeros tiempos.
Los de mariposas en las tripas
y encantadora confusión.
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