Se miran unos a otros
deseo
envidia.
Menospreciando el valor propio,
la belleza nos inunda
sólo la vemos en otros.
Enamorados del espejo
y odiarlo por reflejar
exactamente lo que queremos
lo que se busca
lo que sigue perdido en la intensa masa oscura.
Pero hay un momento de elevación
en todo ese menjunje inexplicable
se ve en los rostros
y en los cuerpos
un momento de disfrute
un momento de felicidad
que es lo único que da sentido a pretender
a seguir aparentando
a la sucesiva cárcel que es la libertad.
Prisioneros de nuestros propios actos
ya no me gusta respirar
salvo en esos momentos.
No importa lo que estoy diciendo
ni cómo mi cara adoptó esta horrorosa forma
en ese momento sólo me importa que me elevo
y me olvido
torciendo una mueca parecida a la sonrisa.
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