subir por la terraza, cada vez a edificios más altos,
buscando la libertad, encontrando la cornisa cada vez más cerca,
mirar para abajo, el miedo a saltar desde tan alto y me llevó tu mano.
Despierto en un altillo y veo a la locura y la represión durmiendo juntas en el mismo cuarto,
abro la puerta y comienzo a caminar.
La bicicleta me lleva o yo la llevo a ella,
la velocidad me seduce y no he de reducirla
aunque la curva y la colisión se acerquen, no freno.
Y esa misma fuerza que me haría caer es la que me empuja hacia abajo
en un escenario distinto, del lugar que me siento más a gusto..
al piso frío y duro.
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